Hace nada estaba aquí hablando de Spider-Noir y de cómic con Nicolas Cage, y ya estoy de vuelta con otro análisis de superhéroes. Y sí, sé lo que estáis pensando: últimamente el blog empieza a parecer un fanzine de capas y mallas. Pero es que están pegando fuerte estos meses, y eso que todavía nos queda por delante Spider-Man y Doom antes de que acabe el año. Así que nada, aprovecho que fui a ver Supergirl 2026 y aquí tenéis mi opinión, con todo lo bueno y lo no tan bueno.
Vaya por delante: no soy imparcial con el personaje ni con el listón que dejó Superman (2025) de James Gunn hace un año. Ese fue un pistoletazo de salida muy sólido para el nuevo Universo DC, y llegaba con la vara de medir bastante alta. Supergirl tenía que continuar ese pulso. Se queda a medias.
De qué va Supergirl 2026 (sin spoilers gordos)
Supergirl adapta libremente el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow, de Tom King y Bilquis Evely, y es la segunda película del nuevo DCU tras el Superman de Gunn el año pasado. Dirige Craig Gillespie (Cruella, Yo, Tonya) y el guion es de Ana Nogueira. Milly Alcock interpreta a Kara Zor-El, una Supergirl muy alejada de la heroína sonriente que uno podría imaginar: va de planeta en planeta, de preferencia con soles rojos donde sus poderes desaparecen, para poder emborracharse y desconectar del trauma de haber visto morir a todo Kriptón siendo niña.
La acompaña Krypto, y su rutina de fiesta interestelar se rompe cuando conoce a Ruthye (Eve Ridley), una niña que acaba de perder a su familia a manos de Krem de las Colinas Amarillas (Matthias Schoenaerts) y busca venganza. Kara se niega a ayudarla al principio, pero cuando Krem envenena a Krypto con un dardo y solo el antídoto que él lleva puede salvarlo, Supergirl y Ruthye emprenden una persecución de planeta en planeta. Por el camino se cruzan con Lobo (Jason Momoa), cazarrecompensas alienígena que anda detrás de uno de los hombres de Krem.

Milly Alcock sostiene la película entera sobre sus hombros
Empiezo por lo indiscutible: Milly Alcock está a otro nivel. Su Kara es borracha, cínica, con más ironía seca que ganas de salvar a nadie, y funciona precisamente porque no intenta caer bien. Es de esas interpretaciones que sostienen una película entera casi en solitario, y en Supergirl hace exactamente eso: cargar con el peso de un guion que no siempre le da lo que necesita.
Lo digo con perspectiva y sin dejarme llevar por el hype inicial: si esta película funciona en algo, es por ella. Cambios de tono repentinos, gestos de duda, esa energía que va de la indiferencia a la rabia sin previo aviso… todo eso lo aporta la actriz, no el papel en sí. Con este nivel de partida, tengo ganas de ver hasta dónde puede llevar al personaje si algún día le dan un guion a la altura.
Krypto: me prometieron mucho más de lo que hay
Aquí sí que tengo una espina clavada. Todo el marketing de la película vendió a Krypto como leitmotiv central de la historia: el perro es literalmente el motivo por el que Kara se pone en marcha, el detonante de todo el viaje. Y sobre el papel, en la trama, así es. Pero en pantalla se siente como una excusa narrativa más que como un personaje con peso real. Aparece, se pone enfermo, desaparece de la trama durante tramos larguísimos y reaparece al final para resolver el asunto. Esperaba que su presencia se sintiera constantemente, como un compañero de viaje real, y en cambio es más un MacGuffin con pelo que otra cosa.

Saltos de guion raros y una Ruthye que no termina de arrancar
La película tiene un problema de ritmo que se nota bastante rápido: pasa de un planeta a otro, de una escena de acción a un flashback de Kriptón, de vuelta a la trama de venganza, sin que siempre quede claro por qué estamos donde estamos. Hay saltos que se sienten more como parches de montaje que como decisiones narrativas con intención.
Y luego está Ruthye, la niña que acompaña a Kara. El personaje tiene un arco interesante sobre el papel —es la voz narradora en el cómic original, y su relación con la violencia y la venganza da para mucho—, pero en la adaptación se queda a medio construir. Hay tramos en los que su presencia en pantalla pesa más como recurso de guion (la excusa para que Kara reflexione sobre sí misma) que como personaje con vida propia. No es que la ejecución sea mala, es que el material no le da margen para respirar.
Lo que sí funciona: el lore kriptoniano
Dicho todo esto, hay una cosa que la película borda: la explicación del lore de Superman y Kriptón. El asunto de los soles amarillos y rojos, por qué Kara pierde sus poderes en determinados planetas, y sobre todo el trasfondo de la gente que logró huir de la destrucción de Kriptón antes del final, está contado con una claridad que se agradece muchísimo. No hay ese exceso de mitología atropellada que lastraba otras películas de superhéroes de los últimos años. Aquí se entiende todo a la primera, y eso no es poco mérito.
El listón de Superman (2025) pesaba, y se nota
No puedo evitarlo: comparo. El Superman de James Gunn del año pasado dejó un tono, un equilibrio entre comedia y emoción, y una sensación de frescura que aquí se persigue pero no se alcanza del todo. Gunn esta vez solo produce, no dirige ni escribe, y se nota. Hay guiños claros a su estilo —los bares de mala muerte llenos de alienígenas, la banda sonora con temazos, el walkman de Kara como si fuera un Star-Lord con capa—, pero terminan sintiéndose más como una imitación de fórmula que como una voz propia. Esperaba más, sobre todo viniendo justo después de una entrada tan sólida en el universo.
Krem: villano carismático de diseño, flojo de guion
Matthias Schoenaerts como Krem de las Colinas Amarillas tiene presencia física, tiene diseño amenazante, y en las escenas de acción funciona. El problema es que en cuanto abre la boca se desinfla. No hay una motivación real más allá de que es malo porque le toca serlo. Mucho ruido, pocas nueces: parece imponente durante toda la película y al final se queda en poco más que un obstáculo físico que hay que superar, sin la profundidad que sí tuvo, por ejemplo, Silvermane en Spider-Noir. Con el material de origen que tenían disponible —un cómic bastante más oscuro y con más matices morales— esperaba mucho más de este personaje.

La escena del autobús espacial: lo mejor de la película, sin discusión
Si hay una secuencia que me hizo disfrutar de verdad, es la del autobús espacial asaltado por piratas. Kara pierde sus poderes en pleno vuelo, tiene que salir al vacío para recargarse bajo un sol amarillo, y todo el tramo de recuperación de control, la pelea contra las Sklarian Raiders y el rescate final está resuelto con un ritmo y una espectacularidad que el resto de la película no consigue igualar. Es la escena que más se acerca a lo que prometía el marketing: una Supergirl impulsiva, poco contenida, que usa sus poderes con rabia y sin manual de instrucciones. Ojalá el resto de la cinta hubiera mantenido ese nivel.
Jason Momoa como Lobo: el alivio cómico que se merece su propia película
Y aquí llegamos a mi parte favorita del reparto secundario. Jason Momoa como Lobo me ha encantado. Tiene el punto justo de bestia parda y humor bruto que pide el personaje, y cada vez que aparece en pantalla la película gana energía. Ojalá le den su propia película algún día, porque hay material de sobra para ello.

Dicho esto, no puedo evitar hacerme una pregunta que llevo un tiempo dándole vueltas: ¿qué le pasa a Momoa que últimamente solo hace de alivio cómico? Lo vimos hace poco en la película de Minecraft haciendo básicamente el mismo papel —el tipo grandote, gracioso, que se roba las escenas pero que nunca es el centro dramático de nada— y aquí repite fórmula. Tiene talento de sobra para papeles con más peso, y da la sensación de que el sector lo está encasillando en el «amigo divertido y musculoso» en lugar de darle proyectos donde pueda hacer algo más.
Me esperaba algo más duro, la verdad
Última cosa, y esta es más una opinión personal que una crítica objetiva: el cómic de Tom King en el que se basa la película es bastante crudo con el tema de la violencia y la venganza, y esta adaptación se queda a medio camino. Hay momentos puntuales que sí pegan fuerte —hay decisiones de Kara hacia el final que sorprenden por lo directas que son—, pero en general esperaba una propuesta más arriesgada en ese sentido, sobre todo teniendo a un personaje como Lobo en el reparto, que en los cómics no se anda con tonterías. Con ese material de partida, y con Lobo de por medio, había margen para ir más lejos de lo que la película se atreve a ir.
Veredicto: Alcock se merece mejor película
Supergirl no es un desastre, pero tampoco es la confirmación que el nuevo DCU necesitaba después de un primer paso tan bueno con Superman. Milly Alcock está fantástica y por sí sola justifica el visionado. El lore kriptoniano está bien resuelto. La escena del autobús es una gozada. Jason Momoa se lleva el aplauso del público cada vez que aparece. Pero el villano se queda corto, Krypto se siente desaprovechado pese a todo lo que prometían, Ruthye no termina de despegar como personaje, y el conjunto se siente más disperso de lo que debería.
Si vais a verla, id por Alcock y por Momoa. El resto, con las expectativas bien calibradas.
¿La habéis visto ya? ¿Qué os ha parecido el tono más gamberro de esta Kara comparado con el Superman de Gunn? ¿Y quién quiere ya una película de Lobo en solitario? Contádmelo en los comentarios.
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