Lo intenté. De verdad que lo intenté. Tenía Hoppers marcada en el calendario desde que vi el primer tráiler, y aun así se me escapó en cines por una combinación de estrenos, horarios imposibles y esa procrastinación tan mía de «ya la pillo la semana que viene». La semana que viene nunca llegó, así que la he visto ahora que ha aterrizado en Disney+. Y me alegro muchísimo de haberla visto, aunque haya sido tarde, porque es de lo mejor que he visto en lo que llevamos de año.
Antes de nada, una corrección menor para los que busquéis la película: se llama Hoppers, no «Hoopers». Y en Latinoamérica llega con el subtítulo «Operación Castor». Aclarado esto, vamos al lío.
De qué va Hoppers (sin destriparla)
Hoppers es la nueva película original de Pixar, dirigida por Daniel Chong y estrenada en cines el 6 de marzo de 2026, con guion de Jesse Andrews (el mismo que escribió Luca, y se nota en el ADN emocional de la historia). La premisa: unos científicos han desarrollado tecnología para trasladar la consciencia humana al cuerpo de animales robóticos hiperrealistas, permitiendo comunicarte con la fauna como uno más. Mabel, una joven apasionada por la naturaleza, ve la oportunidad de meterse en la piel —o el pelaje— de un castor para intentar salvar el claro de bosque donde creció junto a su abuela, amenazado por el proyecto urbanístico del alcalde Jerry.
Suena a premisa rara. Lo es. Y funciona de maravilla, que es la especialidad de Pixar cuando se lo propone.

Un mensaje ecologista que no señala con el dedo
Aquí es donde Hoppers me ha ganado por completo. Llevo años viendo películas con mensaje medioambiental que caen en el mismo error: plantear al ser humano como el villano de la función, sin matices, sin comunión posible. Hoppers no hace eso. Su mensaje no va de «los humanos son el problema», va de la comunión entre animales y humanos, de encontrar el punto donde ambos mundos pueden convivir sin que uno tenga que aplastar al otro. Es un ecologismo que no resulta pedante ni antihumano, y eso, en 2026, ya es una rareza que hay que aplaudir.
Y dentro de ese mensaje hay otro que me ha tocado especialmente: esa idea de aferrarnos a un ideal del pasado incluso cuando conservarlo implica destruir el presente. El conflicto de la película no nace de la maldad gratuita, nace de gente —y animales— que se resisten a soltar algo que ya no encaja con lo que tienen delante. Es un tema que da para pensar mucho más allá de la sala de cine.

La paz que da la naturaleza (y lo poco que cuesta encontrarla)
Hay un momento —no un clímax, ni una gran escena de acción— donde la película se detiene simplemente a respirar, ver y escuchar el bosque. Y ese momento dice más sobre la paz que da la naturaleza que cualquier discurso. No hace falta una gran epifanía: solo sentarte, respirar y prestar atención. Pixar ha sabido meter ese respiro contemplativo en medio de una historia que, por otro lado, no para de moverse.
Mabel, la protagonista que brilla… desde otro cuerpo
Mabel Tanaka tiene un protagonismo curioso: la mayor parte del metraje la vivimos con ella metida dentro de un castor robótico, no en su cuerpo humano. Y aun así el personaje es memorable. Es intensa, cabezota, se equivoca, se frustra, y ese punto de radicalidad que a veces la hace chocar con quienes la rodean es precisamente lo que la hace sentir real. Verla aprender a base de golpes que el cambio también puede llegar sin necesidad de romperlo todo es de lo mejor que tiene el guion.
El consejo real: los secundarios que se roban la película
Si algo tiene Hoppers a raudales es carisma en el reparto secundario, empezando por King George, el bondadoso y algo ingenuo líder de los castores que se convierte en el mejor amigo de Mabel. Pero el consejo real de animales que rodea la trama es un desfile de personajes con muchísima presencia: el taciturno Rey Anfibio, la altiva Reina Pez, el irritable Rey Ave y la implacable Reina Insecto, una mariposa de hierro a la que pone voz nada menos que Meryl Streep.

Y luego está Diane, la tiburona, convocada por el consejo como la asesina más temida del reino animal… que resulta ser dulcísima y de un profesionalismo intachable. Uno de los mejores chistes recurrentes de la película.
En el bando humano, el antagonista es el alcalde Jerry Generazzo, un político tan persuasivo como peligroso para el bosque, mientras que la doctora Sam es la científica detrás de toda la tecnología del «hopping»: una mente brillante con más de un conflicto moral encima. A su lado está Conner, su ayudante en el laboratorio: un estudiante de posgrado tan simpático como torpe, que en ningún momento sabe muy bien cómo ha terminado metido en este lío. Otro secundario con carisma de sobra pese a su poco tiempo en pantalla.
Hay gente buena en todos lados… y mala
Uno de los aciertos de Hoppers es no simplificar el bien y el mal por especie. Hay animales nobles y animales rastreros, hay humanos con buenas intenciones y humanos que solo miran su propio beneficio. El villano insecto de la función, Titus (voz de Dave Franco), el mimado y ambicioso príncipe convertido en Rey Insecto, es de esos personajes que disfrutas odiar. Que la maldad no tenga bandera de especie es un acierto de guion que se agradece.
Guiños que homenajean la propia historia de Pixar
Hay un detalle que me encantó y que además tiene una historia bonita detrás: los pájaros que aparecen en Hoppers están rediseñados como homenaje directo a «For the Birds» (2000), aquel cortometraje pionero de Pixar. El propio Daniel Chong confirmó que fue un tributo a Ralph Eggleston, quien llegó a hacer bocetos para la película estando ya enfermo. Un guiño precioso a los orígenes del estudio dentro de una película que, en el fondo, habla también de dejar legado.
Y hay otro guiño que no es oficial pero que la propia película deja caer: en un momento dado, la doctora Sam comenta que su siguiente proyecto será desarrollar un collar para que los perros puedan comunicarse con nosotros. Es una teoría mía, pero la conexión con el collar traductor de Dug en Up es tan directa que cuesta creer que sea casualidad. Un guiño precioso a los orígenes del estudio dentro de una película que, en el fondo, habla también de dejar legado.

Hoppers Pixar: Las escenas post-créditos
Hay que quedarse hasta el final, sin duda. La primera escena, a mitad de los créditos, es puro humor Pixar: Tom Lagarto, Ellen y Loaf se turnan la máscara de látex que llevaba el falso alcalde Jerry, imitando a los humanos entre risas —con parodia incluida sobre eso de «ser un humano y pagar impuestos»— hasta que un pájaro se la lleva volando y les deja sin su jueguito. La segunda, ya al final de todo, es más pequeña pero igual de entrañable: un anciano solitario recibe la visita de un grupo de hormigas que le llevan la compra a casa. Ninguna de las dos monta una secuela ni adelanta nada, pero cierran la película con el mismo calor con el que se desarrolla toda la historia.
Taquilla: el resurgir de Pixar que necesitábamos
Que Hoppers me pillara desprevenido no es casualidad: llegaba después de la tibia recepción de Elio, que fue un tropiezo en taquilla para Pixar. Hoppers ha sido justo lo contrario. Con un presupuesto de 150 millones de dólares, la película ha superado con holgura los 500 millones de dólares en taquilla mundial, convirtiéndose en una de las películas de animación más rentables del año y en el gran regreso de Pixar a las películas originales después de una racha complicada. Que un estreno sin franquicia detrás funcione así de bien, en un panorama dominado por secuelas, dice mucho de lo bien ejecutada que está la película.
No sé cómo no fui a verla en su momento. Ha sido una de las películas más oportunas que me han caído en el momento adecuado de mi vida, y de las que más me han hecho pensar en lo sencillo que puede llegar a ser encontrar la paz si simplemente nos paramos a mirar alrededor.
¿La habéis visto ya en Disney+? ¿Os habéis quedado con King George, con Diane la tiburona o con algún otro miembro del consejo real? Contádmelo en los comentarios.
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